Andre Arpi Alcocer. Gerente Proycon

El costo invisible de decir que sí

Según este análisis, puedo notar que una de las decisiones más caras en ingeniería no es ejecutar mal un proyecto.

Es aprobar uno que nunca debió existir.

Porque mientras un error técnico puede corregirse, una decisión mal tomada desde el origen arrastra al proyecto completo hacia una estructura inviable.

Y lo más crítico:
la mayoría de estos proyectos no fallan por ejecución… fallan porque nunca fueron viables.

El problema estructural: confundir oportunidad con viabilidad

Me parece interesante cómo muchas empresas evalúan proyectos desde el entusiasmo comercial o la presión de crecimiento, pero no desde la consistencia técnica y operativa.

Se aprueban proyectos porque:

  • “El cliente lo pide” 
  • “El mercado lo exige” 
  • “La competencia lo está haciendo” 

Pero pocas veces se valida lo esencial:

👉 ¿Este proyecto tiene sentido estructural?
👉 ¿Es ejecutable en condiciones reales?
👉 ¿Es rentable más allá del Excel inicial?

El sesgo más peligroso: el optimismo técnico-financiero

En la etapa de evaluación, todo parece funcionar:

  • Cronogramas ajustados pero “posibles” 
  • Costos optimizados al límite 
  • Supuestos sin fricción operativa 

El problema es que estos modelos no representan la realidad. Representan una versión idealizada de ella.

Y ahí es donde nacen los proyectos que debieron decirse que no.

Señales claras de un proyecto inviable (que suelen ignorarse)

1. Dependencia de condiciones perfectas

Si el proyecto solo funciona si todo sale bien, no es robusto. Es frágil.

2. Ingeniería incompleta en etapa de decisión

Aprobar sin suficiente desarrollo técnico es asumir riesgos no cuantificados.

3. Margen demasiado ajustado

Proyectos sin espacio para error terminan absorbiendo pérdidas.

4. Alta complejidad operativa sin experiencia previa

La curva de aprendizaje no está considerada… pero siempre se paga.

5. Desalineación entre diseño y operación

Lo que se diseña no es lo que luego se puede operar eficientemente.

El verdadero impacto de no decir que no

El problema no es solo ejecutar un mal proyecto.

Es todo lo que ese proyecto arrastra:

1. Capital inmovilizado

Recursos atrapados en activos que no generan retorno adecuado.

2. Desgaste organizacional

Equipos trabajando bajo presión constante y baja eficiencia.

3. Pérdida de foco estratégico

La empresa deja de perseguir oportunidades correctas por resolver problemas innecesarios.

4. Erosión de rentabilidad global

Un solo proyecto inviable puede afectar todo el portafolio.

El momento correcto para decir no

Decir que no no es una decisión emocional. Es una decisión técnica.

Y tiene un momento preciso:

👉 Antes de comprometer capital
👉 Antes de comprometer reputación
👉 Antes de comprometer capacidad operativa

Después de ese punto, ya no es una decisión. Es una consecuencia.

Por qué las empresas no dicen que no

Según este enfoque, puedo notar que no es falta de capacidad técnica.

Es una combinación de factores:

  • Presión comercial 
  • Sesgo de confirmación 
  • Costos hundidos (sunk cost fallacy) 
  • Falta de liderazgo técnico en la toma de decisiones 

Y sobre todo:
una cultura que premia iniciar proyectos, pero no cuestionarlos.

El cambio de enfoque: de aprobar proyectos a filtrar decisiones

Las empresas más sólidas no son las que ejecutan más proyectos.

Son las que descartan mejor.

Esto implica:

1. Evaluación técnica profunda antes del “go”

No validar con supuestos. Validar con ingeniería.

2. Integración real entre negocio e ingeniería

Las decisiones no pueden ser solo financieras ni solo técnicas.

3. Escenarios conservadores

Modelar considerando fricción, no idealización.

4. Cultura de cuestionamiento

Permitir —y exigir— que los proyectos sean desafiados antes de aprobarse.

Conclusión: la rentabilidad empieza con un “no” bien dicho

Me parece interesante cómo muchas organizaciones buscan crecer ejecutando más, cuando el verdadero crecimiento está en seleccionar mejor.

Porque en ingeniería y negocio:

  • No todo proyecto suma 
  • Algunos proyectos restan desde el inicio 

Y la diferencia entre una empresa que crece y una que se estanca no está en cuántos proyectos ejecuta…

Está en cuántos tuvo la disciplina de rechazar.

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