Andre Arpi Alcocer. Gerente Proycon

Hay algo que he aprendido en más de dos décadas en proyectos, mesas de inversión, tensiones técnicas y cierres de obra: no basta con construir bien, hay que liderar mejor.
Cuando era más joven, creía que el éxito del ingeniero se medía por cálculos impecables, metrados exactos y cronogramas cumplidos. Hoy sé que eso es solo el inicio.
La verdadera diferencia la marcan las decisiones, y más aún, la responsabilidad de quien las toma.
El ingeniero dejó hace tiempo de ser únicamente un ejecutor técnico.
Nos convertimos –nos guste o no– en actores directos del rumbo económico de un país.
Porque cuando decides dónde construir, con qué materiales, bajo qué normativas, con qué plazos y con qué consecuencias, no estás firmando un plano.
Estás definiendo empleo, riesgo, territorio y futuro.
Aprender a ver más allá del plano
He estado en mesas donde el Excel decía “viable”, la ingeniería decía “factible”, pero mi criterio decía “no es lo correcto para el país”.
Y ahí entendí algo que jamás olvidé:
Un ingeniero líder es aquel capaz de decir “sí podemos… pero no debemos”.
Liderar no siempre es avanzar, a veces es detener, revisar, cuestionar, insistir.
Y aunque cueste reputación, contratos o aplausos, lo técnico sin ética no construye país: lo compromete.
Del cálculo a la conciencia
Los ingenieros solemos formarnos para precisión, control, seguridad, tolerancia al error cero.
Pero nadie nos entrena para lo que realmente pesa:
- Decidir con impacto social
- Negociar con intereses opuestos
- Liderar equipos que no piensan como tú
- Defender lo correcto ante presiones reales
A lo largo de mi carrera, he aprendido que el liderazgo no se ejerce con autoridad técnica, sino con coherencia personal.
Si la decisión no se sostiene en tus valores, no sirve, aunque numéricamente funcione.
La mesa donde sí tenemos que estar
Hoy, más que nunca, el ingeniero tiene que ocupar el lugar que evitó por años:
la mesa donde se decide presupuesto, territorio, inversión y país.
No podemos quedarnos en el plano, en la supervisión, en la obra bien hecha.
Tenemos que participar en la visión, no solo en la ejecución.
Porque lo que decidimos no afecta solo un proyecto.
Afecta comunidades, medio ambiente, transporte, empleo, competitividad y confianza.
Liderar no es mandar, es asumir
Si tuviera que resumir lo aprendido:
| Lección | Qué me enseñó |
| La técnica sin visión se agota | Construir no es suficiente; hay que dirigir |
| El liderazgo sin ética se quiebra | Las decisiones correctas pesan, pero sostienen |
| La visión sin equipo no escala | El ego no construye, el equipo sí |
No creo en el liderazgo heroico ni infalible.
Creo en el liderazgo humano, imperfecto, transparente y responsable.
El ingeniero que debemos ser
Confío profundamente en el potencial del Perú.
Pero ese potencial no se libera con obra, sino con decisión técnica, transparente y valiente.
Un ingeniero empresario no es el que firma más contratos,
es el que sabe cuándo decir sí y, sobre todo, cuándo decir no.
Porque construir país no es poner concreto,
es asumir consecuencias.
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