Andre Arpi Alcocer. Gerente Proycon

Déjame empezar con algo directo.
En infraestructura, el riesgo no se elimina por ignorarlo.
Solo se posterga… y cuando vuelve, siempre vuelve más caro.
He estado en suficientes proyectos como para reconocer el patrón: equipos enfocados en cumplir plazos, cerrar presupuestos y mostrar avances, mientras los riesgos reales —los incómodos, los difíciles de modelar— se dejan para después. El problema es que en ingeniería, “después” casi nunca existe.
Existe solo la factura.
El error más común: creer que cumplir normas es gestionar el riesgo
Muchos proyectos pasan revisiones, cumplen normativa y tienen planos impecables. En el papel, todo está bien.
Pero la pregunta clave no es si el proyecto cumple hoy, sino si resiste mañana.
¿Resiste cuando cambie el uso del activo?
¿Cuando la operación exija más de lo previsto?
¿Cuando el clima ya no se comporte como en los promedios históricos?
¿Cuando el mantenimiento no sea el ideal, sino el real?
Ahí es donde aparece la diferencia entre una estructura correcta… y una estructura pensada con criterio de negocio.
El riesgo estructural no es técnico, es financiero
Desde una mirada empresarial, cada riesgo que no se calculó termina manifestándose en números muy concretos:
- Refuerzos estructurales inesperados
- Paradas operativas que nadie presupuestó
- Costos de mantenimiento fuera de control
- Reclamos, disputas y pérdida de confianza
Nada de eso ocurre “porque la ingeniería falló”.
Ocurre porque la gestión del riesgo fue incompleta.
Cuando digo que la ingeniería protege la rentabilidad, no lo digo como concepto académico. Lo digo porque he visto cómo una decisión técnica bien tomada a tiempo evita años de problemas después.
Resiliencia no es hacer más grande, es pensar mejor
Existe una idea equivocada de que gestionar riesgo estructural significa sobredimensionar todo y encarecer el proyecto. No es así.
La resiliencia no se trata de fuerza bruta, sino de criterio.
Se trata de diseñar pensando en escenarios reales, no ideales.
De entender cómo se comporta un sistema bajo estrés, no solo cuando todo sale bien.
De anticipar impactos económicos antes de que se vuelvan urgencias.
Un proyecto resiliente no es el más robusto.
Es el que puede adaptarse sin destruir valor.
La pregunta incómoda que casi nadie hace
Hay una pregunta que todo inversionista, gerente o directorio debería hacerse antes de aprobar un proyecto:
¿Qué riesgos estructurales no estamos calculando hoy… y cuánto nos van a costar mañana?
Si esa pregunta no tiene una respuesta clara —técnica y económica— el proyecto no está maduro.
Está incompleto.
Y la infraestructura incompleta siempre cobra su precio con el tiempo.
Para cerrar
La ingeniería estructural no es un requisito, ni un gasto, ni un check en una lista.
Es una herramienta estratégica para gestionar riesgo, proteger capital y asegurar continuidad.
En infraestructura, lo que no se calcula no desaparece.
Se acumula.
Y siempre se paga.
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