Andre Arpi Alcocer. Gerente Proycon

Hay algo que he visto repetirse una y otra vez en empresas de distintos tamaños e industrias:
cuando los números empiezan a no cerrar, casi nadie mira hacia la ingeniería.

Se habla del mercado.
De la competencia.
Del contexto.
Del tipo de cambio.

Pero rara vez alguien se hace una pregunta incómoda:
¿y si el problema empezó años atrás, con una mala decisión técnica?

Porque la mala ingeniería no grita.
No explota de inmediato.
No aparece como una línea clara en el estado de resultados.

La mala ingeniería desgastaencarecelimita… en silencio.

Lo que no se ve cuando se decide mal

Muchas decisiones técnicas se toman con buenas intenciones.
Ahorrar. Avanzar rápido. No “sobredimensionar”. Resolver lo urgente.

Frases como estas son más comunes de lo que deberían:

  • “Eso alcanza para ahora”
  • “Luego lo corregimos”
  • “No vale la pena invertir tanto”
  • “Siempre lo hemos hecho así”

El problema es que la ingeniería no se comporta como el corto plazo financiero.
Funciona en ciclos largos.
Y cuando se diseña mal, el costo no aparece de inmediato… aparece después, multiplicado.

Años más tarde, ese “ahorro” inicial se traduce en:

  • Sistemas ineficientes
  • Costos operativos innecesarios
  • Mantenimiento constante
  • Paradas no planificadas
  • Equipos sobreexigidos
  • Procesos que no escalan
  • Decisiones atadas por limitaciones técnicas

Nada de eso suele llamarse “mala ingeniería”.
Pero casi siempre lo es.

Cuando el CAPEX barato sale carísimo

Uno de los errores más frecuentes que veo es diseñar pensando solo en la inversión inicial.
Reducir CAPEX como si eso fuera, por sí solo, una buena decisión.

Pero un sistema barato de implementar puede ser carísimo de operar durante 15 o 20 años.

Consumo energético más alto.
Más personal para compensar ineficiencias.
Más fallas.
Más dependencia de parches.

La ingeniería que realmente crea valor no pregunta solo cuánto cuesta construir,
pregunta cuánto cuesta vivir con eso durante toda su vida útil.

Eso es pensar en rentabilidad real.

Subdimensionar hoy, pagar mañana

Otro patrón clásico: diseñar solo para la foto actual del negocio.

“El volumen de hoy no justifica más.”
“El crecimiento lo vemos después.”

Hasta que el crecimiento llega —o debería llegar— y la infraestructura no acompaña.

Ahí aparecen las ampliaciones improvisadas, las reingenierías forzadas, las paradas operativas y las decisiones reactivas que cuestan mucho más que haber pensado bien desde el inicio.

Escalar sobre una mala base técnica nunca es eficiente.
Nunca es barato.
Nunca es ordenado.

Copiar sin entender: uno de los errores más caros

He visto empresas copiar soluciones técnicas solo porque “a otros les funciona”.

Pero la ingeniería no es copiar y pegar.
Es contexto, entorno, operación, cultura, proyección y riesgo.

Lo que funciona en otra industria, otro país o con otra escala puede ser un desastre en la tuya.

Cuando se copia sin entender, se construyen sistemas que no encajan, que se fuerzan y que terminan generando más problemas que soluciones.

Ingeniería y negocio no pueden ir separados

Cuando la ingeniería se decide sin entender impacto financiero, y el negocio decide sin entender las restricciones técnicas, el resultado es predecible.

Se pierde dinero.
Se pierde tiempo.
Se pierde capacidad de maniobra.

La ingeniería tiene que hablar el lenguaje del negocio.
Y el negocio tiene que respetar la lógica técnica.

Cuando eso no pasa, la empresa queda atrapada en soluciones mediocres que condicionan su futuro.

La buena ingeniería no se luce, pero se siente

Cuando la ingeniería está bien pensada, no suele llamar la atención.
Simplemente… todo funciona.

La operación es estable.
Los costos son predecibles.
El crecimiento no duele.
Los problemas no se repiten.

La buena ingeniería no genera titulares, pero sostiene la rentabilidad.

Menos incendios.
Menos decisiones de emergencia.
Más foco en crear valor.

El ingeniero empresario

Para mí, aquí aparece una figura clave: el ingeniero que entiende empresa.

No el que busca la solución más sofisticada.
Ni el que busca la más barata.

Sino el que entiende que cada decisión técnica condiciona el futuro del negocio.

El ingeniero empresario piensa en:

  • Rentabilidad
  • Escalabilidad
  • Riesgo
  • Sostenibilidad
  • Ciclo de vida

Y toma decisiones técnicas con impacto estratégico.

Conclusión 

Muchas empresas creen que pierden competitividad por factores externos.
Pero en silencio, la están perdiendo por decisiones técnicas mal tomadas años atrás.

La ingeniería no es un gasto.
Es una palanca estratégica.

Y cuando se la subestima, el costo no aparece en un presupuesto…
aparece cuando ya es tarde para corregir.

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