Andre Arpi Alcocer. Gerente Proycon

Hay algo que he aprendido en mi trayectoria entre planos, proyectos, directorios y cronogramas: la infraestructura no solo resuelve necesidades, también modela la vida cotidiana, define la dignidad de las ciudades y marca el ritmo real del desarrollo.

Cuando hablamos de carreteras, hospitales, puertos o sistemas logísticos, solemos quedarnos en números: presupuesto, plazo, ROI, kilómetros entregados. Pero en el terreno —en el polvo, el ruido, la tierra removida— está la verdad: una obra cambia la vida de las personas o no tiene propósito.

He visto carreteras que solo conectan puntos, y he visto carreteras que conectan oportunidades personales, productivas y sociales. La diferencia no está en el asfalto, sino en la intención.

Ya no basta con entregar, hay que transformar

Hoy no me interesa hablar de infraestructura como producto terminado, sino como palanca de movilidad social.

  • Un hospital no es un edificio: es esperanza.
  • Un puerto no es concreto: es comercio, empleo, futuro.
  • Una escuela no es arquitectura: es movilidad social.
  • Una carretera no es trazo: es vida entrando y saliendo con libertad.

Cuando pienso en “infraestructura con propósito”, pienso en eso.
En dejar de construir para cumplir y empezar a construir para trascender.

Modelos de impacto real, no de apariencia

He participado en proyectos donde el éxito era “entregar”, y en otros donde el éxito era cumplir indicadores sociales, ambientales y productivos después de la entrega.
Sin dudarlo: solo los segundos valen la pena.

Las APP, Obras por Impuestos y modelos de coinversión no son herramientas “creativas” de ejecución. Son espacios donde el sector privado aprende a mirar más allá del Excel y el cronograma.

  • No financiamos por marca.
  • No construimos por contrato.
  • Invertimos para transformar territorio.

Lo social ya no es “anexo”.
Es métrica, es compromiso y es reputación sostenible.

Sostenibilidad no es discurso, es responsabilidad profesional

En ingeniería no se improvisa.
Cada cálculo, cada decisión, cada eje estructural afecta vidas.

Hablar de infraestructura sostenible no es moda: es respeto.

  • Respeto por el entorno.
  • Respeto por las comunidades.
  • Respeto por el territorio que heredarán quienes vienen después.

Si no tenemos claro eso, no somos ingenieros, somos ejecutores de obra.

Mi visión como ingeniero empresario

Siempre digo algo que resume lo que siento:

Construir país es posible.
Construir país con propósito es innegociable.

He tenido la fortuna de liderar y observar proyectos que no solo funcionan, sino que mejoran la forma en la que las personas viven, producen, se trasladan, aprenden y sueñan.

Ese es el tipo de infraestructura que quiero seguir defendiendo.
No la que se levanta para la foto, sino la que permanece en la memoria.

Infraestructura que deja legado

No todo proyecto cambia la historia de una región, pero todo proyecto puede intentarlo.

Mi compromiso es claro:

  • Priorizar el impacto sobre la entrega.
  • Incorporar sostenibilidad como estándar, no como opcional.
  • Crear obras que generen valor humano, no solo valor financiero.

Porque un puente no es concreto:
Es un sí a la posibilidad.

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